Un niño y un columpio

Tiene ocho años. Aprendió a columpiarse el mismo día que los cumplió… creo que fue su regalo para nosotros, hasta la fecha habíamos sido esclavos de la altura exacta que el columpio debía alcanzar en cada balanceo. Ese día fui capaz de sentir su felicidad porque lo transmitía con su cuerpo moviéndose extrañamente de manera […]

a través de Un niño con autismo y un columpio. — alto alto como una montaña

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