Experimentos Psicológicos:madre efectiva-Madre afectiva

Una figura que esté presente, capte las necesidades y las cubra, favorece el buen desarrollo emocional, cognitivo y social
Una figura que esté presente, capte las necesidades y las cubra, favorece el buen desarrollo emocional, cognitivo y social

¿Qué preferirías si tuvieras que elegir? Una madre afectiva o una efectiva. El experimento de H. Harlow (1905-1981) realizado con macacos nos desvela algunas claves.

¡Por fin! – pienso- ¡Tengo un rato solo para mi! ¡No me lo puedo creer!

Realmente tengo muchas cosas  pendientes para  hacer pero, como no me ve nadie…me voy a dar media hora para sentarme en el sofá con la manta y descansar tranquilamente hasta que me toque ir a buscar a los peques.

Como justo después de pensar esto me siento un poquito culpable, me pongo la alarma del móvil por si me duermo.

Y es así cómo viendo la tele, veo la noticia sobre un pequeño robot llamado Sense Mother, que puede sustituir de manera super-eficaz, a una madre ya que recuerda una gran cantidad de tareas: lavarse los dientes, hacer los deberes, ¡controlar la hora de llegada de un adolescente! y levantarse del sofá cuando se lleva mucho tiempo (mira, de haberla tenido no necesitaría la alarma del móvil ).

Una madre eficaz que está pendiente de que las tareas se cumplan
Una madre eficaz que está pendiente de que las tareas se cumplan

Se llama Sense Mother, porque- y escribo textualmente- como las madres lo sabemos todo… recuerda hasta la toma de la medicación. También explican que aunque su campo de acción es mucho más amplio, su especialidad es la eficiencia de las personas.

¡Qué fuerte!-pienso. Tantos años desde el experimento de Harlow y ahora parece que a quien realmente necesitábamos era a la  madre de metal.

Hary Harlow psicólogo e investigador de los años 70, realizó varios estudios (un poco crueles por cierto) con monos rhesus confirmando sus sospechas sobre la importancia de contar con una presencia materna  o una figura afectiva    en los primeros años de vida que asegure una adecuada  vinculación y favorezca el desarrollo emocional y social de la persona.

Tal y como podéis ver en el vídeo, en el experimento del que os hablo, Harlow separa a las crías de mono de su madre y las ponía en una jaula con dos  madres artificiales: una de metal provista de un biberón con leche, y otra hecha de material suave y agradable que sin embargo no tenía alimento.

Las crías de mono permanecían acurrucadas con sus madres de felpa y trapo y únicamente se acercaban a la de metal cuando tenían hambre.

El estudio tuvo sus variantes y desarrollo,  de modo que  por ejemplo también se observó el comportamiento de estas crías cuando se encontraban en lugares extraños con y sin su madre de trapo.

La tendencia de estos pequeños primates era  buscar el máximo contacto con su madre artificial “suave” tanto para obtener seguridad y explorar, como para buscar consuelo y  descanso.

Estas investigaciones y otras realizadas posteriormente (Bowlby) verificaron y consensuaron la importancia que el contacto afectivo, la seguridad y presencia de una figura de cuidado tiene en nuestro desarrollo posterior (emocional, cognitivo, social).

Es decir, una figura que esté presente, que sepa entender las necesidades (de alimentación, de higiene  y también de afecto) y que proteja y de seguridad.

No quisiera desmerecer la utilidad que cualquier robot pueda tener  a la hora de facilitarnos la vida,  pero  creo que no hay que olvidar que:

  1. El contacto es fundamental para los seres humanos.
  2. La presencia del otro es un factor clave para el buen desarrollo psicológico y emocional.
  3. Tener nuestras necesidades fisiológicas cubiertas es más satisfactorio si la persona que las cubre está presente ya que eso nos ofrece seguridad, protección (es decir, cubre a la vez las de seguridad y pertenencia).
  4. El  vínculo que creamos con esta primera figura encargada de cuidarnos, determina la manera en la que nos enfrentamos al mundo extraño y al mundo de los extraños.

Así que imagino, que aunque a un adolescente no le apetece en absoluto que sus padres le riñan por la hora de llegada,  seguro que lo preferirá a que le reciba una simple máquina ¿no creéis?

Yolanda P. Luna

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