Perdonar

Perdonar, es un proceso terapéutico que nos libera de las emociones negativas y del estrés que el resentimiento genera
Perdonar, es un proceso terapéutico que nos libera de las emociones negativas y del estrés que el resentimiento genera

Llegar a la conclusión de que has conseguido perdonar algo o a alguien no es un proceso fácil.

A veces creo que tenemos mucho que aprender de algunos animales, especialmente de los perros. No soy de las que piensan que cualquier animal es mejor que muchas personas, pero si que opino que algunos de sus comportamientos son más adaptativos y simples que los de los humanos.

En casa tenemos una mascota, un Shitzu llamado Frodo. Es un perrito de casi diez años bastante tranquilo y que por lo general va a su aire. Los días que el tiempo nos lo permite, los niños y yo damos un paseo con él.

Hace unos meses, decidimos salir con él a un parque infantil que tenemos en frente de casa. Mientras los niños subían a los columpios y yo le paseaba, un  perro suelto se acercó a nosotros. En un segundo, se abalanzó sobre Frodo y agarrándolo por el cuello, se marchó con él sacudiéndolo hacia un lado y hacia el otro. La escena fue realmente terrible por su violencia sobre todo para los niños que horrorizados se pusieron a llorar y a gritar mientras el perro atacaba a Frodo.

Finalmente, la dueña del perro agresor, que resultó ser un perro que por su raza debería haber ido con bozal y con correa, consiguió que éste soltara al nuestro. Cuando bastante enfadada le recriminé su irresponsabilidad por salir así a un parque con niños y otros perros, ella me miró como si no fuera con ella la cosa y me soltó:

– sois todos unos histéricos, Tampoco es para tanto.

El resultado para nuestro perro: una operación de urgencia para coserle el cuello, más de dos meses de tratamiento para curarle las heridas y los golpes que el pobre había recibido y una cojera que se quedará con él para siempre.

El resultado para ellos: obligación de someter al perro a varias revisiones veterinarias y una sanción económica para su dueña además de hacer frente al coste del tratamiento de Frodo.

Los primeros días y todavía con el susto en el cuerpo, no dejaba de pensar en el odio que sentía hacia esa chica. Continuamente buscaba razones para justificar ese sentimiento: su comportamiento irresponsable al llevar a su perro suelto y sin bozal, el hecho de que ya hubiera ocurrido con otros perros del vecindario tal y como me contaron después y el efecto que la agresión había tenido en nuestra mascota y en los niños, que estuvieron muy asustados durante unos días. En ese tiempo, todas las consecuencias que tuviera la denuncia en ella me parecían pocas, creía que no había castigo suficiente para resarcirme de lo ocurrido.

Hasta que, pasadas varias semanas y con mi perro ya casi recuperado, me encontré de nuevo con la chica y su perro paseando por el pueblo. En esta ocasión, ella lo llevaba convenientemente atado  con bozal. A pesar de que casi llegamos a cruzarnos, mi perro siguió su paseo moviendo la cola tan contento como había salido de casa.

– Jolín- pensé- qué fácil perdona Frodo. Parece que ni le ha conocido ¿se le habrá olvidado o le habrá perdonado?

A parte de tener un perro, no entiendo mucho más de animales con lo cual desconozco si los perros perdonan u olvidan. Esto sirve unicamente de ejemplo ya que el incidente me hizo reflexionar sobre por qué yo mantenía emociones negativas sobre esa persona y qué beneficio me aportaban.

No encontré ninguna razón para mantener el malestar hacia ella ni supe qué ganaba sintiendo odio hacia ella.

Después lo probé con otras situaciones con mayor trascendencia en mi vida y aunque el proceso fue bastante más costoso, el resultado fue el mismo.

Perdonar es un proceso que contribuye al bienestar psicológico

1. Para poder perdonar, hay que saber reconocer el daño que nos han hecho y también hay que hacer lo posible por curarlo. Según la causa o situación que haya generado la herida, puede ser necesaria la intervención de un profesional.

2. Tengo que querer perdonar. Porque perdonar es un proceso, no es una decisión que se toma en un minuto.

3. Entender y comprender a quién nos ha dañado. Esto no significa en absoluto excusarle o privarle de responsabilidad en lo sucedido (en el ejemplo que os he puesto la chica es responsable de sacar un perro peligroso sin bozal y sin correa. Pero puedo pensar que desde luego no era su intención que su perro atacara al mío. Quizá pensaba que no había nadie en el parque y se confió).

4. Aceptar las emociones negativas que surgen: rabia, deseo de venganza, culpa, etc. Poder expresarlas como parte del proceso.

5. Protección. Perdonar no es olvidar y actuar como si el daño no hubiera ocurrido. Tampoco implica reconciliarse ni retomar una relación si es el caso.  Se trata de analizar qué sucedió y cómo se puede evitar que algo parecido vuelva a ocurrir.

6. Expresar el perdón. Puede realizarse a través de un acto simbólico (una carta que no va a ser entregada por ejemplo). No tiene por qué ser trasmitido al ofensor. Se  trata de que la persona que realiza el proceso sienta la liberación del estrés y emociones negativas ligadas al resentimiento.

Muy recomendable también hacer este proceso con uno mismo.

Yolanda P. Luna

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5 pensamientos en “Perdonar”

  1. y supongo que si no haces esos ejercicios, ¿ lo que sale fuera es el rencor?, pero, ¿perdonar no es una potestad exclusiva de Dios?, si me permites, yo pienso que ese “perdon” no es hacia quien nos causa el daño, es un “perdon” hacia nosotros, nos perdonamos por sentir lo que sentimos, despues de haber pasado por las etapas que decribes y nos permitimos volver a cruzarnos con esa persona sin sentir odio u otros sentimientos porque ya “nos hemos curado”.
    ¿agree?

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    1. Totalmente de acuerdo con lo que dices. Para las personas creyentes, perdonar puede ser potestad exclusiva de Dios pero el proceso personal de perdonar lo puede hacer cualquiera. Es más, nos beneficiaríamos mucho si lo hiciéramos más a menudo.
      Muchas gracias por tu aportación

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  2. Estoy de acuerdo, se puede decir que uno de los mayores tesoros que tenemos las personas es la capacidad de representarnos “la realidad” internamente, es decir, manejar simbólicamente nuestra realidad. Gracias a esa capacidad podemos construir nuestras propias herramientas para enfrentarnos diariamente a la vida.

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