ZONAS DE CONFORT

ZONAS DE CONFORTHace poco hablaba con alguien que desde  hacía unos meses, estaba sufriendo ataques de ansiedad que afectaban profundamente su calidad de vida. El malestar que le generaban había hecho que decidiera acudir a un psicólogo.

– ¿Qué tal te va con el psicólogo?

– Bien, es majo, de momento me está preguntando mucho sobre mi vida.

-¿Te ha dado ya alguna pauta que puedas ir utilizando?

– Sí, en la última sesión me  explicó cómo respirar  para no hiperventilar cuando me dé un ataque de ansiedad. También hablamos de lo que hago durante el día. Me ha dicho que además del resto de las técnicas que me enseñe, practicar alguna actividad que sea relajante  o que simplemente me agrade, puede evitar que me encierre más en mis preocupaciones.

–          ¿Y estás de acuerdo?

–          Creo que me puede venir bien.

–          ¿Qué has decidido hacer?

–          Me gusta el yoga así que me he apuntado. Además hay un amigo que va a venir conmigo. Me voy a sentir más seguro si por lo menos al principio no voy solo.

Un par de semanas más tarde,  volvimos a coincidir y entre otros temas, salió éste que estamos comentando aquí.

–          ¿Qué tal en yoga? ¿Habéis empezado tu amigo y tú?

–          Él sí, yo no he empezado todavía.

–          ¿Y eso?

–          No lo sé.- Me respondió.- me da un poco de pereza.

–        Vaya- ¿Y lo de la respiración?

–       Tampoco : Me da vergüenza respirar como él me dice.  Prefiero esperar a que se me pase el ataque.

–      Entiendo.

Me quedé pensando en qué es lo que  podría   haber fallado en el planteamiento entre esta persona y su terapeuta.

Sin ti no hay cambios

Creo que es una afirmación clave cuando hablamos  de modificar algo que nos genera malestar. Pocos avances se pueden realizar en  aspectos tan personales como son  nuestra forma de pensar, sentir y actuar si no tenemos claro que nosotros somos una pieza fundamental.

Tan importante como acudir a un/a  buen/a  profesional que sepa cómo ayudarnos, es cuestionarnos  a nosotros/as mismos/a si merece la pena seguir vistiendo los mismos “hábitos” una vez terminada la sesión  terapéutica.

¿Qué aspectos hay que tener para que nos compense salir de nuestra zona de confort?

Convencimiento.

El malestar generado por una dificultad psicológica no siempre es motor de cambio por sí mismo. Parece un contrasentido pero ciertamente las personas nos sentimos cómodas en la seguridad que  cierto nivel de malestar (una zona de confort que conocemos y creemos controlar) nos ofrece. Ante la alternativa de mejora, hacemos análisis del  coste-beneficio que no siempre nos lleva a la conclusión de que “hay que intentarlo”.

Es necesario estar plenamente convencidos/as de que queremos hacerlo.

Hacer un ejercicio en el que nos imaginemos sin el problema,  puede ser una ayuda para convencernos.

–  Compromiso

La ayuda exterior es buena e incluso imprescindible en muchos casos. Sin embargo, para modificar algo tenemos que hacer un compromiso con nosotros/as mismos que vaya más allá de las meras intenciones.

Constancia

Llegar a lo que somos, nos ha costado años de esfuerzo y dedicación. Cambiarlo, nos requerirá trabajar de contínuo para conseguir nuestro objetivo.

Yolanda P. Luna

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